Marisita
Su meneo de caderas hipnotiza a cualquiera y, cualquiera que la conozca no pensaría que Marisita tuvo tanta mala suerte en el pasado.
Cuando la castraron se le infectó la herida de la castración y estuvo muy muy muy malita y le quedaron secuelas de una pequeña ataxia leve. Al poco la adoptaron, pero como aún no se controlaba mucho y hacía pis fuera del arenero la devolvieron.
Después se vino para aquí, donde al cabo de un mes también la adoptaron con el mismo final: la devolvieron otra vez. Estuvo muy deprimida los primeros días, pero poco a poco ya volvió a ser ella misma y a demostrar su personalidad juguetona con su pelota favorita.
Se lleva bien con gatos, perros, humanos, niñxs y cualquier cosa que se le ponga por delante.
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